Mostrando entradas con la etiqueta bares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta bares. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de abril de 2012

Ni hombre ni nada









-...Yo siempre llevo veinte duros en el bolsillo por lo que pueda pasar, y si se necesitan mil pesetas, pues mil pesetas, porque un hombre  que no pueda llevar mil pesetas en la cartera no es hombre ni nada. Mi mujer me quería controlar hasta los gastos del tabaco y le pegué un corte que aún le dura el temblor:” La próxima vez que metas los ojos en mi cartera, te pego una hostia que rebotas siete veces contra la pared. Pero es que si te cojo metiendo los dedos, fíjate bien, los dedos, es que te corto el pelo al rape y te saco a patadas a la calle”. Ya se le quitaron las ganas. Mi madre luego me riñó, pero me dio la razón. Dijo que lo de la hostia estaba mal dicho, pero que, desde luego, un hombre que no lleve mil pesetas en la cartera y sepa llevarlas, que no es lo mismo, que no es un hombre…-


Fragmento de El matarife, un cuento de Manuel Vázquez Montalbán
Foto: S. Andrada Lapenne


domingo, 1 de enero de 2012

El bar del barrio, Dios Baco y yo

¡Un carajillo!, muy pronto se arrima otro a la barra y pide, ¡un sol y sombra! En un par de mesas hablan y comen varios hombres, los vasos están llenos de vino. Son las nueve de la mañana y yo estoy con mi café. Agarro el diario. Pero no, prefiero oír y mirar. Una dicharachera señora apura su cortado y se va. En un extremo de la barra un hombre con deleite moja pan en su plato y la jarra de cerveza esta por la mitad. Miro, escucho  y, de vez en cuando pongo mis ojos en la primera página del diario.
Se abre la puerta  y con el frío de la mañana entra un tipo grande, bien abrigado y alegre. Al verlo, el muchacho joven que atiende el bar, pone enseguida dos botellas sobre el mármol.
Las noticias no me interesan. El tipo grande y abrigado bromea con  la raya roja que rodea por el centro a la barrigona copa que ya tiene en sus manos. El líquido transparente y espeso cae con precisión hasta ese límite, es anís. La otra botella tiene en la etiqueta el numero 103, el parroquiano grande la levanta y vierte con alegría un chorro sobre el anís.



Hoy es el último día del año, me levanté temprano y me fui a tomar el café en el bar del barrio y así me surgió este relato. Baco esta siempre presente. Esta noche no faltara...

 ¡Salud y feliz año nuevo!

Texto y fotomontaje: S. Andrada Lapenne
31/12/ 2011
Gracias al gran pintor Caravaggio