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martes, 12 de junio de 2018

El mejor regalo de un amigo fotógrafo


Ayer me regalaron estas tres fotografías que ahora improvisadamente reproduzco y publico. Probablemente solo entenderán mi alegría y esta ilusión de hacerlo saber a todos, quienes sientan como yo pasión por este arte. De fotografías está el mundo lleno, pero yo estoy hablando de auténticas fotografías, hechas por un maestro, y estas fotografías me las ha regalado el maestro fotógrafo Josep María Ribas i Prous.
Una con una medida de 40x50 y dos de 30x40, estas fotografías tomadas por él  en alguna de sus visitas a la Unión Sovietica, fueron realizadas en blanco y negro, reveladas, ampliadas y positivadas por él con los materiales nobles de la época. Ayer me llamó para entregármelas y me dijo que en estos días había vuelto a trabajar con ellas dándoles un baño de sulfuro para mejor presentación y más durabilidad. Después, delante de mí, sentado en el escritorio de la entrada al  Centre de la Imatge Mas Iglesias de Reus, me las dedicó.
Son unas obras auténticas, una de las fotos es del año 1977, está hecha en la Plaza Roja de Moscú y en ellas se ven unos soldados y las primeras nieves de ese invierno. Las otras dos son del año 1982, la más grande la tomó en las instalaciones del Dinamo de Moscú en unos ensayos de gimnasia, y en la otra aparece un niño pequeño con un paraguas en primer plano y también está realizada en la Plaza Roja viéndose también la catedral de San Basilio al fondo. Como apasionado de la fotografía no podría haber recibido mejor regalo, y más si viene de la mano de un gran fotógrafo como es el señor Josep María, un hombre que ha dedicado su vida a la fotografía, con su obra repartida en museos nacionales e internacionales, con miles de revelados, copias y ampliaciones, y una labor muy importante en la recuperación  de archivos fotográficos.
En fin, que ayer mi buen amigo Josep María me hizo un gran regalo, y ahora tengo unas hermosas fotografías (vintage, dicen algunos) de un gran fotógrafo catalán, con un contenido que siempre me interesa mucho: cosas de la antigua URSS.

Pronto lucirán colgadas en las paredes de mi casa.


Sergio Andrada Lapenne, 6 junio de 2018

   




jueves, 11 de julio de 2013

Muertos con salud de piedra


Explica Manuel Vázquez Montalbán en su libro Moscú de la Revolución, que Kruschev tuvo una discusión con el artista Ernst Neizvenstny sobre arte moderno. Se cuenta que el poderoso Nikita Kruschev visitaba una exposición de arte organizada por Neizvenstny y se mofó de la pintura abstracta como si fuera una triquiñuela del espíritu al alcance de los lápices de colores de cualquier niño. “Es una mierda” dijo Nikita textualmente. Muy dignamente, Neizvenstny le dijo que se metiera en sus cosas y no opinara sobre lo que no entendía. Parece ser que Kruschev aprendió la lección, busco la amistad del artista y dispuso que fuera el escultor de su mausoleo.

Animado por el libro de Montalbán, decidí que estando en Moscú teníamos que visitar el cementerio de Novodevichi. Una mañana, Mónica y yo nos fuimos allí. Era una cálida y soleada mañana primaveral, y los rojos muros del cementerio contrastaban con el verde intenso de la vegetación y los árboles. El amplio espacio, las anchas calles interiores y el agradable día alejaron la idea de que el paseo sería lúgubre.

Pero la visita de la necrópolis de Novodevichi puede ser incluso pintoresca si la mirada del viandante se fija en una serie de detalles tiernos ligados al culto de los muertos, dice Montalbán.

Yo había hecho una breve lista de nombres, ya que fui con la intención de fotografiar las tumbas de Maiakovski, Chéjov, de Kolontai “La burguesa desclasada” o “Terrible bolchevique”, como la define el escritor barcelonés, etc…

Al entrar nos dirigimos a la zona donde estaban los primeros personajes de mi lista. No había contado con la escritura en cirílico y nos tuvimos que guiar por la intuición para encontrar las sepulturas, no es lo mismo  Antón Pávlovich Chéjov que Антон Павлович Чехов, ni Vladímir Vladímirovich Mayakovski que Владимир Владимирович Маяковский. Una señora muy vieja que removía la tierra y arreglaba las flores en una humilde tumba nos acompañó hasta el lugar del descanso eterno del escritor ruso. Dicen que Chéjov es el primer personaje ilustre enterrado en Novodevichi. En otro libro, Autobiografia de Moscú, de Tatiana Pigariova, lei que Antón Chéjov murió en Alemania y fue trasladado a Rusia en un vagon-frigorifico con la inscripción “ostras” y fue enterrado en Novodevichi en el Jardín de los Cerezos. Según Tatiana Pigariova el monumento funerario de Chéjov es uno de los más bellos del cementerio, es una pequeña capilla modernista. En primavera, con los cerezos en flor, esta zona del cementerio parece el decorado de una obra todavía por escribir.

Aunque Moscú todavía estaba en primavera ya era tarde para ver el cementerio alegrado por las flores de los cerezos y los petalos blancos y rosados, mustios sobre la tumba del escritor. Pero en lo que a mí me pareció una bella y sencilla sepultura alguien había dejado dos libros que estaban entreabiertos y húmedos sobre el mármol blanco. Este hecho me emocionó. Muy cerca de Chéjov también reposa Nikolai Gógol.

Identifique la sepultura de Maiakovski, inconfundible como describe Montalbán, ayudado por las fotos que yo había visto del poeta, y curioseando muy cerca me sorprendió encontrar en un bloque de granito la media silueta gravada en relieve de otro revolucionario, el de Así se Templó el Acero, Nikolai Ostrovski, y otros objetos a los pies de la misma me lo confirmaron.

Maiakovski sigue siendo en el cementerio el mito-símbolo que fue en vida. Su tumba es la más floreada y los jóvenes pioneros cuando la visitan dejan uno de sus pañuelos rojos en torno del cuello de piedra sobre el que se levanta el cabezón mayestático del poeta más emblemático de la revolución, dice Montalbán en su libro. Y sigue: El proyectista de aviones Tupolev tiene como principal motivo monumental un avión, a un general tanquista le han puesto un tanque casi de juguete, un avezado marino dispone de un barquito en su estela funeraria y el ministro de comunicaciones incluso en su tumba está hablando por teléfono. En un rincón de este precioso espacio para las ruinas de la memoria y el deseo de tantos rusos importantes, hay un territorio español, donde reposan comunistas españoles muertos en Moscú como Atienza o Morato o el argentino Codovilla, uno de los internacionalistas que ayudaron a la formación del PCE.

Hice muchas fotos y tal como merecía el tema, utilice mi vieja cámara soviética Zenit XP12 y rollo Fujicolor de 200 ASA o ISO.  

 
Antón Chéjov
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Vladimir Maiakovski
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Mstislav L. Rostropovich
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Nikolái Ostrovski
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Andréi N. Tupolev
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Aleksandra M. Kollontai
 
 
 
 
 
 
Pavel S. Rybalko
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Nadezhda S. Alliluyeva, esposa de Stalin
 
 
 
 
 
 
 
Nikita Kruschev
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Texto y fotografías: Sergio Andrada Lapenne, Moscú, 2013